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Todo mal

 Jaime Bayly, La Nación

Mi vida cambió fatalmente y para siempre por culpa de una pastilla de dormir.

Aquella noche fui a tomar mi dosis habitual de pastillas y descubrí que no tenía la más potente de todas.

Pude tratar de dormir tomando las demás, o una dosis de las demás superior a la habitual, pero me entró una crisis de nervios y me dije que si no conseguía la pastilla que me faltaba no dormiría y al día siguiente sería el infierno.

Por eso salí presuroso a las tres y media de la mañana a buscar una farmacia abierta

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El perro de mi vecina

Jaime Bayly, La Nación

Cuando me mudé a esta casa en Buenos Aires, no imaginé que me esperaba un enemigo atroz.

Mi enemigo no estaba propiamente en mi casa, pero era como si lo estuviese porque se hallaba a pocos metros, en casa del vecino. Mi enemigo no me dejaba dormir. Mi enemigo no paraba de ladrar. Mi enemigo era un perro que ladraba noche y día.

Fui entonces a hablar con el vecino. Una tarde toqué el timbre de aquella casa de dos plantas y amplios jardines y esperé a que me abriera el vecino. Enseguida vino corriendo un

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Maldito spinning

Jaime Bayly, La Nación

Estaba estirándome en la cama cuando Sofía, la madre de mis hijas, me preguntó:

-¿Por qué no vienes al spinning conmigo? Si vas a ser candidato, tienes que estar flaco.

Había dormido bastante y me venía bien sudar un poco, así que decidí acompañarla. Sofía me advirtió que la clase sería extenuante para un advenedizo como yo, pero me reí y le dije que sería un juego.

-Tu bendita clase de spinning será un calentamiento antes de hacer mi rutina en el gimnasio- le dije con aire burlón y ella sonrió.

Confiado en mi buena condición

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Buscando primera dama

Jaime Bayly, La Nación

Lo que no mata te hace más fuerte, o eso es lo que dicen.

Como estoy acostumbrado a recibir golpes desde niño, creo que he desarrollado una cierta destreza para encajar los golpes sin perder la calma y una cierta aptitud para devolverlos con cinismo en el momento apropiado.

Esta semana he recibido algunos golpes que vinieron del campo personal, de la zona de la intimidad.

El primer golpe me lo arrojó caprichosamente un amigo en el bar de un hotel en Bogotá. Perdió la calma, dijo cosas destempladas, dejó la ensalada a medio comer

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Miedo torero

Jaime Bayly, La Nación


Por lo general, una persona renuncia a un trabajo porque ha sido contratada para desempeñar un trabajo mejor remunerado (es decir, renuncia para ganar más dinero) o porque quiere dedicarse a un oficio que tal vez le procure un menor beneficio económico, pero en compensación le permita disfrutar de dicho oficio (es decir, renuncia para sentirse mejor).

Parecería insensato que una persona renuncie a unos trabajos bien remunerados y de los que disfruta razonablemente para postular a un trabajo mal remunerado y del que sospecha que no disfrutará tanto.

Tal parece ser mi caso.

Yo

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