Para pasar agosto

Contingencia

Felipe Bianchi, El Mercurio


Y a entrados en el mes que suele ser el más complejo para al menos la mitad de quienes habitan este reino, el ambiente se muestra propicio para lanzar sobre la mesa unas cuantas dudas, titubeos y desconfianzas. Pelotas en el tejado, que le dicen.

Desde luego, está la duda lacerante de cuál es el plan real para el futuro de nuestras selecciones, tan lustrosas y crecidas en la última década luego de la partida de nuestros mejores jugadores a medios más exigentes -que evidentemente los han permeado y hecho crecer- y el arribo de profesionales serios, trabajadores, estudiosos, inteligentes y obsesivos, como Bielsa y Sampaoli.

¿Hay un verdadero plan para mantener esta línea de trabajo, para avanzar hacia un estilo permanente más allá de los administradores de turno? ¿Alguna intención real de traspasarla, ahora sí, a las desprovistas selecciones menores? ¿Alguna manera de enseñar ese profesionalismo y capacidad a los técnicos locales hasta ahora intocados por el progreso y más preocupados de mantener sus mediocres parcelas de poder en vez de aprender? ¿Alguna clase urgente de educación para alejarlos de esa tristísima capacidad para incubar tan altas cuotas de envidia ante quienes los superan?

No se puede llegar a fin de año con todas estas definiciones en el aire, so pena de pasar a la historia, una vez más, como una tribu prehistórica y bobalicona, incapaz de crecer.

Sigo: las platas. Hay tantas cosas que no cuadran. Se tienen más fondos que nunca producto del monopolio del CDF, de llegar a dos mundiales seguidos y de la superventa de derechos sin licitación de la selección chilena, se estudia y aplica un reglamento que inhibe los gastos desmedidos de los clubes, pero al mismo tiempo se les permite participar de la alta competencia a equipos que dicen no tener plata ni siquiera para arrendar estadios para jugar como local. Y a todos, grandes y chicos, se les permite contratar abuelitos y abuelitas como guardias para cumplir las "exigencias" de seguridad. O incluso abrir solo algunos sectores de las modernas arenas deportivas regaladas por el Estado para así ahorrar plata, por más vulgar y tercermundista que resulte. ¿No es acaso la antípoda misma del crecimiento de una industria? ¿En qué pie estamos, realmente?

Otra: se anuncia con bombos y platillos que la selección saldrá de Pinto Durán para trasladarse a un recinto de entrenamientos más moderno (gran idea), asunto que "se costeará con los ingresos por la Copa América 2015". Es decir, con platas futuras. ¿Cómo, digo yo? ¿Hace un año no se había dicho que esa inversión estaba lista y asegurada con los fondos entregados por Mega? ¿En qué se gastó todo eso? Y a propósito de Mega: ¿Será un buen negocio para el fútbol resignar las trasmisiones de la selección por el canal propio, CDF, para entregárselo a Fox Sports en menos de 10 millones de dólares? Habría que explicarlo.

Tampoco estaría mal explicar por qué manchar el nombre del fútbol chileno haciéndole dudosos homenajes, con banderas a media asta y tres días de luto, al último representante de la casta más corrupta en la historia del fútbol sudamericano, el argentino Julio Grondona. Ya vivimos vergüenzas extremas con casos parecidos debido a la genuflexión ante reputados delincuentes (verdad jurídica e histórica comprobada y cerrada) como lo fueron Havelange, Texeira o Leoz. ¿No aprendimos la lección?

Link: http://www.elmercurio.com/blogs/2014/08/04/24077/Para-pasar-agosto.aspx

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