DFL2: más allá de la consigna

Contingencia

Nicolas León y Cristobal Ruiz-Tagle, La Tercera

UNA DEMANDA histórica del movimiento estudiantil ha logrado concretarse: el fin de la prohibición de participación con derecho a voto de alumnos y funcionarios en el gobierno de las instituciones de educación superior, llamado “DFL2”, y con esto, la posibilidad de que los estudiantes participen vinculantemente en la toma de decisiones dentro de esas instituciones. Algunos dirán que es un guiño del gobierno para tranquilizar a la Confech, otros que es una política que apunta a eliminar resabios de la dictadura. Si bien, la medida parece inocua, en los hechos podría ocasionar no pocas amenazas a las instituciones de educación superior y, en particular, a la universidad. Es un riesgo a que el rol que juega la universidad en la sociedad termine sujeta al poder político. 

El primero de estos riesgos tiene relación con  la manera en que se ha ido consolidando la tradición en las instituciones de educación superior, en respuesta a las necesidades del mundo actual. Hoy, los estudiantes tienen un rol transitorio en la universidad, en contraste al que jugaban en los orígenes de la universidad europea, modelo y base de las nuestras, y que aún se puede observar en notables excepciones. Esto ocasiona que ante una eventual participación vinculante, primen decisiones cortoplacistas en desmedro de una visión universitaria de largo plazo. No se trata de un temor infundado, incluso intelectuales como Fernando Atria, que difícilmente puede ser encasillado como contrario al principio democrático, han manifestado sus aprensiones al respecto de estos cambios. Atria, por ejemplo, en una conferencia sobre la universidad manifestaba su preocupación frente a los intereses ajenos  a esta: “La única lealtad del académico o investigador es con la búsqueda de la verdad. Y para eso necesita un contexto institucional que le garantice autonomía, que la proteja de todo interés ajeno a lo propiamente universitario”. 

El segundo riesgo que se observa es la instalación en la opinión pública de una idea defendida por el movimiento estudiantil que no ha sido totalmente justificada. Se plantea como verdadera una correlación entre democracia estudiantil y calidad educativa, como si más democracia explicase, de por sí, mejores resultados. Esto lo podemos observar, por ejemplo, en los petitorios de la Confech donde se exige como criterio conducente a la acreditación de los programas universitarios la existencia de instancias democráticas en situaciones académicas. Este tipo de medidas reducen la autonomía de las instituciones universitarias y define un modelo exclusivo y sin fundamento en  la forma en que se toman las decisiones.

Las instituciones de educación superior juegan un rol clave en la sociedad. Más allá de la formación de técnicos y profesionales para las tareas productivas, en ellas se promueve el pensamiento crítico, la reflexión libre, el contraste de ideas en un ambiente sano, donde  se generan las ideas de vanguardia que van estructurando el futuro de la nación. Es efectivo que aún queda mucho por cambiar dentro de la institucionalidad de la educación superior, sin embargo, no podemos darnos el lujo que por un anhelo de avanzar en participación se pongan en riesgo lo que la universidad puede entregar a la sociedad.

Link: http://www.latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2014/08/895-590932-9-dfl2-mas-alla-de-la-consigna.shtml

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