¿LOS SINDICATOS PODRÍAN SER INNECESARIOS EN UN FUTURO? ANÁLISIS A PARTIR DE LA VISIÓN DE DRUCKER.

Nicolás Schröder

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Nicolás Schröder Saavedra.

 

Hablar de los sindicatos es un tema muy delicado, ya que toca directa o indirectamente colores políticos y puede llegarse a ofender a quien lea un artículo referente a este tema. Yo trataré de abordar este tema lo más neutral posible.

Los Sindicatos pueden ser queridos u odiados, dependiendo de la perspectiva en la que se le estudie y se le comprenda. Enemigos del empresariado, de las prácticas explotadoras, defensores de los derechos del trabajador, protectores del valor de la mano de obra. Insistiré con la frase inicial: “los sindicatos pueden ser queridos u odiados”, pero jamás ignorados. Sin embargo puedo poner en juego esa última particularidad. ¿Pueden ser ignorados los sindicatos en Chile? ¿Pueden perder su razón de ser, así como lo expresa Peter Drucker en su obra? [1]. En este artículo expondré varios puntos que Drucker expone en su obra, luego haré un análisis general de todos estos puntos y concluiré con una reflexión a modo de juicio tratando de aplicar ese análisis a nuestra realidad chilena.

 

Los grandes disensos del Sindicato.

Hay una evolución social con respecto a los sindicatos del ayer y del hoy, tanto en su manera reaccionaria como es su manera receptora. A lo que me refiero con esto es que las ideas y las formas han ido cambiando en base a la comprensión de ciertas cosas que expondré a continuación.

Primero, Drucker aclara que “cualquiera que mencionara la ‘formación de capital’ o la ‘productividad’ a un dirigente laboral, era considerado una ‘herramienta de los jefes’” [2], por lo que se puede suponer que los sindicatos condenaban cualquier acto o pronunciación que fuera en ventaja de aumentar la productividad de las empresas o a la acumulación de ganancias de esta. Puede que hasta hubiesen sido tachados de traidor a quienes, por ejemplo, trabajaban bajo la lógica Taylorista por unas ‘migajas’ extras de ganancia en el personal. Por ende, en esos tiempos, esos asuntos eran solo de la incumbencia de los administradores de la empresa y no del sindicato de trabajadores. Sin embargo, Drucker menciona que nadie puede estar en desacuerdo con que en la actualidad esos mismos términos –“formación de capital” y “productividad” – tienen bastante coherencia en los intereses de los subordinados. Drucker declara que es prácticamente innegable el hecho de que el bienestar del trabajador va a depender de la acumulación de capital y de la productividad que este genere. Mientras más ingresos se obtengan a coste de la productividad, más cuantiosa será la gratificación legal del trabajador. Y no solo esta en juego los sueldos y bonificaciones, sino que también la estabilidad laboral, la ampliación del mercado de empleos –esto debido al crecimiento de la empresa y, por ende de los puestos y cargos que la empresa requiera – y las ofertas de rentabilidad del mercado laboral. Ahora, el enfoque y la preocupación de los trabajadores por la formación de capital y la productividad serían equivalente a que los intereses de la empresa y sus empleados son idénticos, lo que pondría en jaque la existencia de un sindicato (“¿Para qué quiero un sindicato si mis intereses como trabajador están alineados con los intereses de la organización?”).

Segundo, el sindicato asegura ser una causa, el defensor de todos los débiles trabajadores explotados y desvalidos. Es una institución no gubernamental legítima, como ninguna otra y, como tal, ha sido inmune considerablemente a impuestos, juicios por daños y perjuicios, falta a las responsabilidades, etc. También como tal, tiene privilegios legales como el derecho de huelga por ejemplo. Este derecho, según Drucker, se convierte en “un derecho a la desobediencia civil” [3]. Así mismo, Drucker argumenta que esa posición que tiene de ‘justiciero de los trabajadores’ no puede seguir por mucho tiempo, debido a los seguros para los jubilados –en el contexto de él y posiblemente en la realidad mundial – debido a que la pirámide de mortalidad se está invirtiendo, haciendo que los ancianos vivan mas y los jóvenes cada vez sean menos. Por ende “mas para los trabajadores viejos, significa inexorablemente menos para los más jóvenes y viceversa”. Hace mención en que cambiaría el conflicto social central, que en vez de centrarse entre la administración y la mano de obra, se centraría entre los viejos y jóvenes (¿Se identifica con el cambio de conflicto?). Plantea que si los sindicatos tanto ignoren este dilema como que traten de tomar cartas en el asunto, en cualquiera de las 2 formas dejarán de existir o perderá su causa y legitimidad original, tanto porque los miembros emprendan la búsqueda de otras organizaciones que la pasen por  alto, como porque se fracture desde dentro.

Tercero, los empleados se están convirtiendo en los capitalistas reales de los medios de producción. Una de las leyes de la política es que “el poder sigue a la propiedad” así como “la responsabilidad sigue al poder”. Bajo estas premisas, los trabajadores podrían entrar en la supervisión y administración de los fondos de pensiones. Drucker señala que la única alternativa viable es el control de los fondos por parte del gobierno y las personas que designe. Como resultado, se generaría “un órgano de los empleados que exprese la identidad de interés entre la empresa y los trabajadores, que sea independiente del sindicato y lo pase por alto y que inevitablemente se opondrá al sindicato por considerar que está fuera” [4]. La estabilidad laboral restringe la movilidad laboral y por ende disminuye los riesgos de huelga, por lo que el sindicato pierde participación y accionar dentro de los grupos laborales. Poco a poco entraría a perder la causa que la legitimaba como institución laboral-social. Con el tema de la responsabilidad ocurre lo mismo. Si los trabajadores se hacen responsables de su propiedad de producción –como consiguiente de los intereses de la empresa –harán lo que sea necesario para salvar a la organización de la que son parte porque su estabilidad laboral estará en juego. El sindicato no tardará en tratarlos de “vendidos a la administración”, logrando que los trabajadores se subleven y se aparten del sindicato en algunos casos.

En síntesis, el sindicato estaría condenado en base a tres problemáticas: La igualdad de intereses entre los empleados y la organización, la pérdida de la causa y con ello la pérdida de la legitimidad del sindicato y la propiedad de los medios de producción de los empleados. Drucker plantea finalmente que si el sindicato quiere seguir operando con su legitimidad, debe reestructurarse y reformarse considerando estas tres falencias y redefiniendo su rol como fuerza de protección laboral, de lo contrario perdería su razón de ser.

 

La situación sindical en Chile: un análisis de las problemáticas planteadas por Peter Drucker.

La realidad sindical en Chile es baja. Tan solo cubre entre 6% y 7% de la fuerza laboral total, y no por el hecho de que se tomen represalias contra la formación de sindicatos, sino porque los empleados han encontrado otros gremios en los cuales representar sus intereses y abogar por su situación para adquirir beneficios. Los sindicatos están perdiendo protagonismo cada vez más simplemente porque no se han reformado de su afán un tanto egoísta de querer siempre más beneficios para sus trabajadores sin que a su vez los sindicatos mismos supervisen la productividad que sus miembros dan a la empresa para que estos beneficios se cumplan.

Partamos por la primera hipótesis: “La alineación de los intereses del empleado con la organización acortaría los conflictos entre ambos y el sindicato perdería adherentes”. Cuesta creer que los empleados en chile tengan los mismos intereses que la organización a la que pertenecen. Pero puede llegar a pasar y de hecho ya está ocurriendo. Tengo un testimonio del Director actual del hospital San José, Pablo Ortiz Díaz, el cual, tras varias polémicas mediáticas, conversó no solo con el Sindicato de Enfermeros del hospital sino que con los demás gremios como el Colegio Médico de Chile. Después de varias reuniones provocadas por el intento de despidos y rediseño del hospital, el Director del hospital expuso la realidad del hospital ante cada uno de los gremios dominantes que influenciaban en el hospital, por lo que estos reaccionaron en un plan de realineación que aún está en curso. La baja sindicalización chilena responde a los pronósticos de Drucker en este caso y si los sindicatos no reinventan su rol confrontacional por uno cooperativo-negociador, pronto entidades como la CUT, la CTCH (Socialista y Comunista) entre otras, irán en picada hasta el punto de no ser necesarias y ser ignoradas por los empleados y los directivos de distintas organizaciones.

En la segunda hipótesis: “Los sindicatos están perdiendo su causa y con ello su legitimidad como institución, debido a que defienden a los desvalidos viejos sin considerar al trabajador joven”. En Chile como en casi todo el mundo, la pirámide poblacional demuestra una cantidad de gente vieja casi paralela a la gente joven. Esto traería problemas al sindicato en la medida en que se preocupa de los beneficios a jubilados y desempleados, quienes no aportan en el déficit fiscal –por lo menos en el transitorio –y prácticamente reciben sus beneficios estatales con platas que ingresan en los fondos gracias a aquellos trabajadores jóvenes, que por supuesto, cada vez son menos. Esto a la larga puede hacer que se dude de la causa sindical y este como institución pierda su legitimidad.

En la tercera hipótesis: “Los empleados están siendo dueños del capital real, de los medios de producción”. Prácticamente y para descontento de los sindicalistas, los empleados cada vez se van sintiendo más propietarios de su productividad y de su trabajo. Las técnicas de empowerment que emplean las empresas de hoy en día, hacen efecto en la mayor productividad de la empresa, en el ánimo de sus empleados al sentirse valorados por la administración y en mantener en equilibrio los intereses de ambos por igual. Esto está significando una crónica de muerte anunciada a los sindicatos; quizás la razón más poderosa que justifica la baja sindicalización en Chile.

 

Conclusión a modo de reflexión.

Como dije en un principio, abordar el tema sindical es muy riesgoso y hay que hacerlo con prudencia. Mi juicio personal con respecto al tema es que el sindicalismo en Chile, si pretende seguir en pié y repuntar, debiese reinventarse, reformarse y definir un rol distinto de cooperación vía negociación. Hoy en día, la productividad determina los beneficios adicionales a las compensaciones fijas en un empleado, ya sea público o privado, por ende el sindicato debiese funcionar bajo la lógica de “ceder para imponer, dar para recibir”. El sindicato como organización necesita un rediseño que lo ayude a mantener su legitimidad, redefinir su causa y seguir cubriendo las nuevas necesidades de los trabajadores en paralelo con la empresa o incluso de manera más óptima.

 

 

[1] Drucker, Peter, “The Frontiers of Management. Where Tomorrow’s Decisions Are being Shaped Today”, Editorial Sudamericana,  Agosto 1987, Buenos Aires, cap. 25.

[2] Drucker, Peter, p. 203

[3] Ibíd. p. 204

[4] Ibíd. P. 206

 

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