Varón de colegio particular pagado de la Región Metropolitana

Contingencia

Rodrigo Vidal Rojas


Desigualdad económica, centralismo regional y discriminación de género. Este tridente nacional, tristemente célebre, se confirma una vez más en la PSU. No necesitamos conocer los resultados de la Prueba de Selección Universitaria para saber que, en Chile, la diferencia de ingresos entre los que más tienen y los menos solventes es vergonzosa. Sólo en Chile se pueden dar, por ejemplo, hechos tan lamentables como que mineros del cobre reciban millonarias retribuciones por terminar un conflicto de interés salarial, mientras se abusa con los jubilados negándoles todo reajuste, simplemente porque el IPC fue negativo.

No necesitamos conocer los resultados de la PSU para constatar, a diario, que la expansión física y el crecimiento demográfico de Santiago, en desmedro de las regiones, ha alcanzado cifras que atentan contra todo esfuerzo de sustentabilidad. Del mismo modo que la discriminación en contra de la mujer sigue siendo lamentable, a pesar de los avances logrados.

Pero todos esperamos, más con ilusión que con argumentos, que en alguna parte algunas cifras muestren algún tipo de reversión de esta realidad aplastante que tiene a tantos sumidos en la depresión y la desesperanza. Los resultados de la PSU fueron una nueva fuente de esperanza ilusoria, que generó en algunos expectativas que se disiparon este fin de semana. Si observamos solamente el listado de los 354 jóvenes con puntaje nacional en alguna de las cuatro pruebas rendidas, que obtuvieron el puntaje máximo posible de 850 puntos, constataremos que el tridente antes señalado, una vez más, se confirma.

Sobre la desigualdad económica, el colegio de procedencia de los 354 puntajes nacionales es un revelador clásico: 244 (68,9%) provienen de colegios particulares pagados; 62 (17,5%) estudiaron en colegios particulares subvencionados y sólo 48 de los 354 (13,6%) en la educación municipal gratuita. En otras palabras, por cada egresado de enseñanza media municipalizada con puntaje nacional, 5 egresados de colegios particulares pagados logran el mismo objetivo. En relación con el centralismo regional, 239 jóvenes (67,5%) egresaron de algún colegio de la Región Metropolitana. De los 115 restantes (32,5%), 39 provienen de la V y VIII Región. Las cifras en relación con la desigualdad de géneros son aún más preocupantes: 290 puntajes nacionales (81,9%) son varones.

Los futuros estudiantes universitarios provienen en su mayoría de colegios particulares pagados (68,9%), egresaron en la Región Metropolitana (67,5%) y son varones (81,9%). Si tomamos en conjunto estas tres variables para buscar este perfil tipo de puntaje nacional, constatamos que 140 jóvenes (39,5%) son varones, de colegios particulares pagados de la Región Metropolitana. Si buscamos el perfil contrario, es decir, damas de colegios municipalizados de alguna región distinta a la metropolitana la cifra es 0 (cero). Sólo encontramos nueve casos si buscamos damas de colegios particulares subvencionados de regiones distintas a la Metropolitana.

Dicho en castellano: en diciembre de 2010, en Chile, un varón que haya cursado sus estudios generales en un colegio particular pagado de la Región Metropolitana, y que haya logrado un buen promedio de notas en la enseñanza secundaria (por sobre 6,5, el promedio de notas de los puntajes nacionales 2009) tiene buenas posibilidades de ser puntaje nacional. Al contrario, para una chica de colegio municipalizado, de una región distinta a la Metropolitana, aunque tenga excelentes notas, sus posibilidades de ser puntaje nacional tienden a cero.

Tampoco se trata de que lograr un puntaje nacional sea la gran meta. Sólo 0,12% de los 253 mil estudiantes que rinden la PSU lo lograrán. Para la gran mayoría la meta es obtener el puntaje adecuado para ingresar a la carrera de sus sueños y obtener becas y créditos para financiar sus estudios. El problema es que las estadísticas reveladas por los puntajes nacionales constituyen una tendencia sintetizada de lo que ocurre con los alrededor de 27 mil mejores puntajes PSU que obtendrán Aporte Fiscal Indirecto (el que entrega el Estado a cada universidad del Consejo de Rectores, por cada alumno de entre esos 27 mil que logran matricular). En esa franja, probablemente la participación de las mujeres aumente un poco, como también levemente la de las regiones. Pero las tendencias se confirmarán, excluyendo de preferencia a las mujeres, las regiones y los colegios municipalizados. Eso, que sabemos de antemano, explica la invasión de estudiantes en las universidades privadas, estudiantes que saben que sólo uno de cada 5 lograrán un cupo en una universidad de prestigio del Consejo de Rectores de Chile.

Quisiera estar equivocado.

Desigualdad económica, centralismo regional y discriminación de género. Este tridente nacional, tristemente célebre, se confirma una vez más en la PSU. No necesitamos conocer los resultados de la Prueba de Selección Universitaria para saber que, en Chile, la diferencia de ingresos entre los que más tienen y los menos solventes es vergonzosa. Sólo en Chile se pueden dar, por ejemplo, hechos tan lamentables como que mineros del cobre reciban millonarias retribuciones por terminar un conflicto de interés salarial, mientras se abusa con los jubilados negándoles todo reajuste, simplemente porque el IPC fue negativo.

No necesitamos conocer los resultados de la PSU para constatar, a diario, que la expansión física y el crecimiento demográfico de Santiago, en desmedro de las regiones, ha alcanzado cifras que atentan contra todo esfuerzo de sustentabilidad. Del mismo modo que la discriminación en contra de la mujer sigue siendo lamentable, a pesar de los avances logrados.

Pero todos esperamos, más con ilusión que con argumentos, que en alguna parte algunas cifras muestren algún tipo de reversión de esta realidad aplastante que tiene a tantos sumidos en la depresión y la desesperanza. Los resultados de la PSU fueron una nueva fuente de esperanza ilusoria, que generó en algunos expectativas que se disiparon este fin de semana. Si observamos solamente el listado de los 354 jóvenes con puntaje nacional en alguna de las cuatro pruebas rendidas, que obtuvieron el puntaje máximo posible de 850 puntos, constataremos que el tridente antes señalado, una vez más, se confirma.

Sobre la desigualdad económica, el colegio de procedencia de los 354 puntajes nacionales es un revelador clásico: 244 (68,9%) provienen de colegios particulares pagados; 62 (17,5%) estudiaron en colegios particulares subvencionados y sólo 48 de los 354 (13,6%) en la educación municipal gratuita. En otras palabras, por cada egresado de enseñanza media municipalizada con puntaje nacional, 5 egresados de colegios particulares pagados logran el mismo objetivo. En relación con el centralismo regional, 239 jóvenes (67,5%) egresaron de algún colegio de la Región Metropolitana. De los 115 restantes (32,5%), 39 provienen de la V y VIII Región. Las cifras en relación con la desigualdad de géneros son aún más preocupantes: 290 puntajes nacionales (81,9%) son varones.

Los futuros estudiantes universitarios provienen en su mayoría de colegios particulares pagados (68,9%), egresaron en la Región Metropolitana (67,5%) y son varones (81,9%). Si tomamos en conjunto estas tres variables para buscar este perfil tipo de puntaje nacional, constatamos que 140 jóvenes (39,5%) son varones, de colegios particulares pagados de la Región Metropolitana. Si buscamos el perfil contrario, es decir, damas de colegios municipalizados de alguna región distinta a la metropolitana la cifra es 0 (cero). Sólo encontramos nueve casos si buscamos damas de colegios particulares subvencionados de regiones distintas a la Metropolitana.

Dicho en castellano: en diciembre de 2010, en Chile, un varón que haya cursado sus estudios generales en un colegio particular pagado de la Región Metropolitana, y que haya logrado un buen promedio de notas en la enseñanza secundaria (por sobre 6,5, el promedio de notas de los puntajes nacionales 2009) tiene buenas posibilidades de ser puntaje nacional. Al contrario, para una chica de colegio municipalizado, de una región distinta a la Metropolitana, aunque tenga excelentes notas, sus posibilidades de ser puntaje nacional tienden a cero.

Tampoco se trata de que lograr un puntaje nacional sea la gran meta. Sólo 0,12% de los 253 mil estudiantes que rinden la PSU lo lograrán. Para la gran mayoría la meta es obtener el puntaje adecuado para ingresar a la carrera de sus sueños y obtener becas y créditos para financiar sus estudios. El problema es que las estadísticas reveladas por los puntajes nacionales constituyen una tendencia sintetizada de lo que ocurre con los alrededor de 27 mil mejores puntajes PSU que obtendrán Aporte Fiscal Indirecto (el que entrega el Estado a cada universidad del Consejo de Rectores, por cada alumno de entre esos 27 mil que logran matricular). En esa franja, probablemente la participación de las mujeres aumente un poco, como también levemente la de las regiones. Pero las tendencias se confirmarán, excluyendo de preferencia a las mujeres, las regiones y los colegios municipalizados. Eso, que sabemos de antemano, explica la invasión de estudiantes en las universidades privadas, estudiantes que saben que sólo uno de cada 5 lograrán un cupo en una universidad de prestigio del Consejo de Rectores de Chile.

Quisiera estar equivocado.

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