La contradictoria Salud

Miguel Urrea

Hace algún tiempo hemos conocido ciertos casos en las cuales el servicio de salud ha negado realizar el tratamiento médico a personas con enfermedades terminales, que si bien estos no van a sanar la enfermedad si les puede alargar su tiempo de vida.

En una primera instancia, en este caso, una afectada decide acudir a la justicia para poder recibir tal tratamiento. Los tribunales dictan que el no recibir este tratamiento se estaría violando el Articulo 19 n°1 de la Constitución Política de la República en la cual se consagra el derecho a la vida y la integridad física, y por lo tanto obliga al servicio de salud entregar este tratamiento. Decisión que sería posteriormente apelada.

Tal situación que puede ser tal vez anecdotica, considerarla, desde un punto de vista moral, como repudiable, etc. pero mi intención no es el de calificar tal hecho desde un punto de vista moral, sino que realizar una comparación de otras medidas realizadas por Salud y que se contradicen abiertamente, planteándonos la interrogante de ¿Existen prioridades en el MINSAL? y ¿Cual seria esa escala de prioridades, si existiese?

Quisiera partir por la decisión "política" de entregar la píldora del día después, que tratando de esquivar todo tipo de debate se plantea que es una medida que busca "igualdad", ya que las mujeres con menos recursos no tendrían el dinero para comprarlas.

Este primer argumento ya es contradictorio con el caso primero, ya que en temas que se juega la vida de la persona, al parecer, no se mira la igualdad de condiciones y se deja a la persona con los medios que tenga a su alcance. Donde los ricos pueden pagar un tratamiento (si lo quisieran en otro país) y donde los pobres no pueden acceder a tal tratamiento, por el hecho de no tener el dinero y por la negativa del sistema de salud de entregárselo gratuitamente o de manera subvencionada.

El otro argumento que se planteaba con la entrega de la píldora del día después, era una postura ideologizada ya que esta influida por el liberalismo. En donde la medida no es imperante y puede ser tomada por las personas que quisieran hacerlo, dejándolo a libre elección.

Los tratamientos que puedan dar un mes, dos meses un año mas de vida, no pueden ser elegidos por la persona afectada, si no que otro decide por ella. Si bien sabemos que el o la afectada va a morir finalmente de la enfermedad, acaso ¿no tiene el derecho de elegir si quiere vivir cuanto más pueda?

Esta diversidad de criterios y, al parecer, de no tener prioridades claras es lo que más me preocupa, ya que al igual que todos soy un usuario más de la salud de este país y que al igual que todos pagamos para sustentarla, e incluso para que sea un rentable negocio. El Gobierno cuando elabora sus planes ¿a que apuntan?  a ¿prevenir y sanar o a mantener el negocio?.

¿Quizás cuantas veces sólo nos han dado un placebo para no gastar los recursos en darnos una verdadera salud?

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